
Mark Carney tiene 60 años, ha tenido tres nacionalidades (canadiense, británica e irlandesa), ha dirigido la política monetaria de dos países distintos y es actualmente primer ministro de Canadá, casi por casualidad. Según muchos de los asistentes al Foro de Davos esta semana en Suiza, es la persona que más atracción ha suscitado y que mejores ideas ha aportado. En resumen, ha defendido que las potencias medianas pueden competir entre ellas para ganarse el favor de las grandes, competir por ser las más complacientes, lo que significa fingir que se es soberano, pero aceptar la subordinación; o unirse para crear una tercera vía que tenga peso. Carney quiere empujar a esas potencias medianas a desarrollar sus fortalezas nacionales, pero a unirse en defensa de valores comunes imprescindibles. Ser pragmáticos, caso a caso.
