
No es que el mundo haya caído en el caos, sino que ha entrado en una nueva era, de imperios que imponen su orden, o sus órdenes, normalmente extractivas, aunque no nos gusten. El filósofo Alexandre Kojève y el politólogo Francis Fukuyama consideraron, siguiendo a Hegel, que la universalización del Estado nación (liberal) marcaría el “fin de la historia” y el fin de las batallas ideológicas. Pero el análisis que a mediados del siglo pasado hizo Carl Schmitt anticipó el surgimiento de grandes espacios imperiales, como los que empiezan a componer el nuevo orden mundial en el que entramos.
