
Vuelve a ser un viernes corriente. Ya estamos todos de nuevo, remontando nuestras vidas pequeñas, cuesta de enero arriba, con el táper bajo el brazo, camino a la oficina. No tenemos tiempo. “Los guisos de toda la vida se mueren”, nos dicen. Porque no estofamos ni sofreímos de lunes a viernes. Porque tiramos de precocinados. Ya nadie cocina como antes.
