
Por algún motivo inexplicable, las sopas de toda la vida han perdido terreno en nuestros los menús cotidianos. Échale la culpa a su aire anticuado, al empuje de las más modernas cremas o a algunos personajes que las odiaban -Mafalda, aunque nos caes muy bien en esto no te apoyamos-, pero al menos en los restaurantes es cada vez más raro verlas. A no ser que sean en formato ramen, claro, que entonces sí.




