No esperes una desgracia para reorientar tu vida
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Friday, February 13, 2026

“La cima está primero en la mente y luego en la montaña”. —Karla WheelockSiempre me han llamado la atención las historias de personas que se levantan después de una crisis o una desgracia. Hay algo profundamente humano en ese instante en el que alguien, habiéndolo perdido casi todo, decide recons...
“La cima está primero en la mente y luego en la montaña”.
—Karla Wheelock
Siempre me han llamado la atención las historias de personas que se levantan después de una crisis o una desgracia. Hay algo profundamente humano en ese instante en el que alguien, habiéndolo perdido casi todo, decide reconstruirse.
El caso de Christopher Reeve es emblemático. El actor que interpretó a Superman sufrió un accidente que lo dejó paralizado; muchos habrían renunciado a casi todo. Él no. Él continuó su vida, impulsó fundaciones, habló al mundo desde su nueva condición. Sin capa, pero con más carácter que nunca.
Y como él, miles. Personas que sobreviven guerras, hambre, exilios, quiebras, enfermedades. Gente que atraviesa situaciones penibles y, en lugar de quebrarse, se fortalece. Como si el dolor, paradójicamente, templara el alma. Como si la urgencia de sobrevivir despertara capacidades dormidas.
La alpinista mexicana Karla Wheelock (a quien tuve el privilegio de conocer en un Consejo) lo explica con claridad. Para conquistar las siete cumbres más altas del planeta –incluido el Everest– enfrentó tormentas, caídas, frío extremo, momentos en que la vida pendía de un hilo. En la montaña no hay discurso motivacional que valga, solo decisión, preparación y una pregunta constante: ¿sigo o me detengo?
Ella misma ha dicho que el verdadero ascenso ocurre por dentro. Que el mayor enemigo no es la nieve ni la altitud, sino la voz interna que invita a rendirse. Cada cima conquistada fue, antes que nada, una batalla interior.
Ahí aparece un fenómeno curioso: cuando la vida golpea –o la montaña se vuelve implacable– se activa un sentido de urgencia, un instinto de supervivencia, una claridad brutal sobre lo importante. De pronto, lo trivial desaparece, lo esencial se vuelve evidente y actuamos.
¿Por qué esperar al golpe?
La pregunta incómoda es inevitable: ¿de verdad necesitamos una desgracia para reaccionar? ¿Tiene que ocurrir algo grave para que cuidemos de nuestra salud, cultivemos relaciones, reorientemos la vida o dejemos de posponer lo importante?
Viktor Frankl, sobreviviente de campos de concentración, escribió algo contundente: “Al ser humano pueden arrebatarle todo, menos la libertad de elegir su actitud”. En las condiciones más extremas, algunos se degradaban mientras otros se elevaban. La diferencia no estaba en el entorno, sino en la decisión interior.
La adversidad revela el carácter, pero también puede formarlo… antes de que llegue.
Consejos para no necesitar una tragedia
No hace falta tocar fondo para mejorar. Podemos activar voluntariamente ese sentido de urgencia que otros solo descubren en la crisis.
- Practica la incomodidad voluntaria. Haz cosas difíciles antes de que la vida te obligue. Disciplina física. Lectura exigente. Conversaciones incómodas. La fortaleza se entrena en tiempos de calma.
- Reduce lo superfluo. Las crisis obligan a simplificar, anticípate y hazlo ahora. Menos ruido y más foco en lo que importa. Acciones con más intención.
- Pregúntate con honestidad brutal. Si todo cambiara mañana, ¿qué lamentarías no haber hecho? Empieza por ahí y empieza hoy.
- Rodéate de personas que te reten. No de quienes solo aplauden. Crecer exige contraste, perspectiva y verdad, y eso viene de personas que te reten: ni pesimistas crónicos ni optimistas ingenuos; gente que te diga la verdad y te empuje a crecer.
- Ensaya la resiliencia. No esperes la gran prueba. Resuelve bien las pequeñas dificultades. Cada contratiempo cotidiano es un gimnasio del carácter.
Como en la montaña, la preparación no evita la tormenta. Pero cambia por completo la manera de enfrentarla. Ya lo decía Karla Wheelock: “La montaña no fortalece, revela”. Lo mismo ocurre con la vida. La pregunta es si queremos esperar a la tormenta… o prepararnos antes.
Carácter… y sentido del humor
Superar la adversidad exige carácter. Pero también humor. He observado que las personas más resilientes suelen tener una capacidad notable para sonreír incluso en circunstancias adversas. No banalizan el dolor. Pero tampoco le conceden la última palabra.
Tal vez esa sea la verdadera elegancia interior: resistir con firmeza, actuar con inteligencia y conservar la sonrisa. Porque si vamos a enfrentar dificultades –y las habrá– más vale hacerlo con entereza… y con buen humor. Entre otras cosas, porque amargarse no resuelve nada… y además, nos envejece antes de tiempo.
No esperes una desgracia para reorientar tu vida. Hazlo por decisión. Hazlo por lucidez. Hazlo a tiempo. Y no olvides: “La adversidad no construye el carácter, lo revela”, dijo James Lane Allen.
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